¿Tiene Privacy Shield las horas contadas?

Si esto de la privacidad fuese como el mundo de la música, uno de los grandes hits del 2016 sin duda hubiese sido la aprobación del Privacy Shield, el protocolo que sustituyó a Safe Harbour en materia de regulación de las transferencias internacionales de datos con origen en la Unión Europea y con destino (en tránsito o definitivo) en Estados Unidos de Norteamérica.

Para los menos avezados y “grosso modo”, estos acuerdos con nombres anglosajones (porque se ve que el idioma de Cervantes no da para más) permiten que las empresas adheridas y que cumplen con sus principios dispongan de un nivel de seguridad equiparable al de los países de la U.E, y por tanto las empresas europeas pueden transferir datos de carácter personal al otro lado del charco.

¿Qué supone en la práctica? Que podemos usar Google for Business, Amazon, soluciones Cloud de Apple y otros tantos servicios como ERPs o incluso el Maichimp…¿O no?

Que Safe Harbour tenía sus fallos y por eso fue declarado nulo, era visto. ¿Pero no lo era también que Privacy Shield llevaba el mismo camino?. Nacido para simplemente volver las cosas a cómo estaban y no causar más dolores de cabeza, Privacy Shield no es ni de lejos la panacea de la privacidad y así parece que piensan también los miembros del “LIBE Committee” o, para entendernos mejor, la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del Parlamento Europeo, que votó recientemente con un resultado de 29 a 25, una resolución que declara el Privacy Shield como inadecuado.

Si a esto sumamos que en la Casa Blanca está un tal Donald Trump que recientemente mediante decreto presidencial invitaba a las empresas estadounidenses a restringir los derechos en materia de privacidad de las personas no residentes o no ciudadanos, tenemos los ingredientes perfectos para que en unos meses el Parlamento Europeo vuelva a dejar en fuera de juego las transferencias internacionales a E.E.U.U. Y esto con el RGPD “ad portas”…

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