EL CAMINO DE BALDOSAS AMARILLAS DEL LEGAL TIC

Si hay dos colectivos que deberían entenderse somos el de programadores y diseñadores web por un lado y el de abogados (tic) por otro. A los segundos tal vez nos cuesta ponernos en el lugar de quien tiene que hacer algo funcional y atractivo (y asumamos la realidad, en general somos unos ladrillazos de individuos) y a los primeros entender que todo tiene consecuencias legales y que no es que seamos unos tocanarices porque sí, es que después nos riñen si pasa algo. Por eso, no nos queda otra opción que amarnos, o no amarnos -eso ya cada uno-, pero sí respetarnos y recorrer juntos el camino de baldosas amarillas del legal-tic.

Comencemos por el grave problema de fondo. La cultura del low cost ha implantado la creencia de que te puedes hacer una web tú mismo sin, por ejemplo, tener ni idea de programar html, o que por 300 euros alguien te puede hacer la web de tus sueños. También ocurre que hay quien te dice que te adapta al RGPD o te hace una consultoría de comercio electrónico de tu tienda online mediante un curso de la FUNDAE o por un precio que no cubre el coste ni de levantarse de la silla. Todo esto provoca situaciones tan deprimentes y conflictivas como las siguientes:

Eso te cojo yo unas condiciones de otra página y ya te queda. JaJa! como diría Nelson. Primer error. Las condiciones de contratación no pueden valer para todo el mundo. No todos venden lo mismo. No todos venden a los mismos países. No todas las condiciones de contratación valen para todo. ¿Vender platos de cerámica es lo mismo que reservar una habitación o comprar papel pintado? En serio, no copies las condiciones de contratación de otra web si no sabes lo que es, sin ir más lejos, el derecho de desistimiento. Y sí, para los que todavía se lo pregunten, debo facilitar un modelo para ejercer ese derecho (por ejemplo con un pdf descargable al pinchar ahí).

Eso te cojo yo una política de privacidad de otra web y ya te queda. Aplicar lo dicho anteriormente. Suerte y que no pase nada. Por lo menos que no sea de la antigua LOPD 15/1999, que una cosa es ser vintage y otra andar a cuestas con lo de “sus datos serán incluidos en un fichero”.

Deja marcadas las casillas de publicidad que sino nadie lo va a hacer: Fenomenal. No es que lo diga yo, lo dicen las normas y los chupatintas de Bruselas. Las casillas no pueden estar premarcadas y sobre todo en algo tan conflictivo como autorizar el envío de publicidad.

Acepto las condiciones legales. ¿Cuáles? ¿A qué se refiere eso de “condiciones legales”?. ¿Acaso no tenemos un texto bien preparado que se llama Condiciones Generales de Contratación? ¿Por qué se le cambia el nombre? O peor ¿Por qué enlaza a un aviso legal para cumplir con la LSSI y no a las propias condiciones de contratación que es lo que realmente determina los plazos de entrega y gastos de envío -por ejemplo- y es lo que debería estar preocupado de que se acepte?.

Acepto la política de privacidad. Ya, ¿y la información previa de primera capa que debe figurar en los formularios de contacto o de recogida de datos señalando dónde puedo encontrar una segunda capa de información más amplia? Sí, a estas alturas ya deberíamos tener asumido que se informa por capas (unas breves líneas debajo del formulario y antes del botón de aceptar, sí antes) y que ya no vale lo de “he leído y acepto la política de privacidad”. En serio, no vale.

Acepto todo. Típico. Tenemos un aviso legal (a los meros efectos de cumplir con el deber de información del art 10 de la LSSICE), tenemos una información sobre tratamiento de datos que debe ser consentida, tenemos unas condiciones de contratación, pero a la hora de aceptar lo metemos todo junto con una única casilla de validación o aceptación. Como si el RGPD y la propia Agencia de Protección de Datos no nos estuviesen diciendo por activa y por pasiva que el consentimiento es granular (el consentimiento se da uno a uno para cada finalidad) y que no se pueden vincular el consentimiento para tratar datos a otras condiciones de servicio.

Cookies inmortales y su gestión. Hago un pedido como invitado, me arrepiento, cierro la web y cuando vuelvo después de dos meses, ahí sigue mi pedido… lo de la gestión de las cookies es complejo sí, pero de ahí a no tener en absoluto cuidado con ellas hay un mundo. Por ejemplo, el usuario debe poder rechazar las cookies y no bucear en un libro de instrucciones para navegadores y una vez aprobado el examen poder aplicar las configuraciones debidas para su gestión. A ver, hay plugins gratuitos que las gestionan de cine, superemos el anticuado “si sigues navegando aceptas”. Seamos proactivos con esto de la privacidad.

Crea una cuenta de usuario pero que la gestione Rita. No sabemos quién es la tal Rita pero todo lo que no queremos hacer se lo mandamos a ella. ¿Cuántas veces vemos eso? Tenemos la opción de guardar nuestros datos pero después no tenemos una zona privada dónde poder gestionarlos. No puedo llevar a cabo acciones sobre el pedido, no puedo modificar la dirección de facturación (o ni siquiera pedir factura), ni la de envío… ¡Vivan las zonas de usuario! ¡El usuario al poder!

Usamos cookies para mejorar la experiencia del usuario. Y un jamón. Nadie usa cookies para eso. Se usan para gulusmear, para rastrear, para conocer y saber lo que hace la gente que visita la web. En el fondo nos da igual la experiencia del usuario. Por eso la Agencia Española de Protección de Datos ha dicho y redicho que esas formulas ya no valen. ¿Entonces porque seguimos usándolas?

Ya sé que me entregaste unas condiciones de contratación pero yo lo dejo todo en un “cómo hacer un pedido”. Pues vale. La felicidad está en los pequeños caprichos, al fin y al cabo quién soy yo para preocuparme de si el cliente vende o no en las Islas Canarias, toda la UE o en Kazajstán, si el producto se puede comercializar en destino o si está hecho a medida y no cabe desistir de la compra.

Pues ya está hecha la web y la tienda. Muy bien, supongo que tenemos resuelto el asunto del archivo electrónico del contrato o el resumen de pedido que debe recibir el consumidor al terminar la compra, etc.

Sí, es un coñazo, las páginas web, los blogs y tiendas serían más bonitas sin tanta casilla de validación y sin tanto texto legal, pero recuerden, no disparen al pianista, nosotros no hacemos las normas, sólo queremos llegar hasta el mágico mundo de Oz.

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